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GTIA LabsINGENIERÍA APLICADA AL NEGOCIO

Automatización4 min de lectura

Cómo automatizar la entrada de facturas y dejar de teclear

Teclear facturas es el trabajo más caro que hace una empresa pequeña: cuesta horas, no aporta nada y encima se equivoca. Esto es lo que hace falta para quitárselo de encima, y lo que nadie te cuenta antes de intentarlo.

En casi todas las empresas con las que nos sentamos hay una carpeta con facturas en PDF esperando a que alguien las meta en el programa de contabilidad. A veces son veinte al mes. A veces son cuatrocientas. Da igual el número: el trabajo es el mismo y es siempre el mismo tipo de trabajo. Abrir el PDF, buscar el CIF, buscar la base, buscar el IVA, teclear, comprobar, cerrar, siguiente.

Ese proceso se puede automatizar hoy con muy buenos resultados. Pero no es magia, y hay tres o cuatro cosas que conviene saber antes de meterse.

Qué significa exactamente «automatizar facturas»

Detrás de esa frase hay cuatro pasos distintos, y cada uno se resuelve de una manera:

  1. Recogerlas. Las facturas llegan por correo, por WhatsApp, en mano o desde un portal de proveedor. El primer paso es que todas acaben en el mismo sitio sin que nadie las mueva a mano.
  2. Leerlas. Aquí entra el OCR: convertir la imagen o el PDF en texto. Es la parte más madura y la que mejor funciona.
  3. Entenderlas. Del texto hay que sacar qué es cada cosa: quién emite, qué número tiene, qué base, qué IVA, qué fecha, qué concepto. Esto ya no es OCR, es extracción de datos, y es donde se gana o se pierde el proyecto.
  4. Contabilizarlas. Meter el asiento donde tenga que ir, con su cuenta y su clasificación.

Mucha gente compra una herramienta que hace bien el paso 2 y da por hecho que resuelve los cuatro. No es así, y de ahí vienen la mayoría de las decepciones.

El paso que decide si funciona: entender, no leer

Leer un PDF es fácil. Saber que «Total factura 1.210,00» son 1.000 de base y 210 de IVA, que el proveedor es el mismo que el mes pasado aunque haya cambiado el membrete, y que ese gasto va a la misma cuenta que siempre: eso es lo difícil.

Y es difícil porque cada proveedor hace su factura como quiere. No hay dos iguales. Una la pone en tabla, otra en texto corrido, otra en tres idiomas, otra escanea el papel torcido. Un sistema que solo sepa buscar en posiciones fijas se rompe con el primer proveedor nuevo.

Lo que sí aguanta es un sistema que aprende del histórico de la propia empresa. Si un proveedor lleva dos años facturando lo mismo y siempre va a la misma cuenta, el sistema no tiene que adivinarlo: lo sabe. Ahí es donde la inteligencia artificial aporta de verdad, y no en la parte vistosa.

Un caso concreto

En el sistema de gestión de ARMOR GT las facturas entran, se leen y se dejan contabilizadas. Nadie teclea. Lo que antes era cientos de PDF esperando a que alguien los pasara ahora es una bandeja que se revisa, no que se rellena.

Lo que no te van a contar

No va a acertar el 100%, y está bien

Ningún sistema acierta siempre. El objetivo no es la perfección, es cambiar el trabajo: en vez de teclear cuatrocientas facturas, revisas cuatrocientas y corriges unas pocas. Esa diferencia es enorme en horas y es la que importa.

Por eso lo primero que hay que montar no es el lector: es la pantalla de revisión. Si revisar una factura dudosa cuesta más que teclearla desde cero, el proyecto no sirve para nada aunque el OCR sea excelente.

La calidad del origen manda

Un PDF generado por un programa se lee casi perfecto. Una foto de un ticket arrugado hecha con el móvil en un aparcamiento, no. Si buena parte de tus documentos son del segundo tipo, hay que decidir antes si merece la pena o si es mejor cambiar cómo llegan.

Hay que decidir qué pasa con lo raro

Abonos, facturas rectificativas, recargo de equivalencia, portes, un proveedor extranjero sin IVA. Todo eso existe y hay que decidir qué hace el sistema con ello. La automatización que no contempla las excepciones acaba generando más trabajo del que quita.

Cómo empezar sin arriesgar

La forma que funciona es siempre la misma: coger un mes real y pasarlo por el sistema en paralelo, sin tocar la contabilidad de verdad. Al final del mes comparas. Si el sistema acertó en la mayoría y los fallos se detectan de un vistazo, adelante. Si no, has perdido un mes y ningún dinero.

Y otra cosa: empieza por tus veinte proveedores más frecuentes. En casi todas las empresas veinte proveedores son la mayor parte del volumen. Resolver esos veinte bien vale más que resolver los doscientos a medias.

¿Y si no tengo tantas facturas?

Entonces probablemente no sea tu primer proyecto. Si metes cuarenta facturas al mes y tardas dos horas, automatizarlo te devuelve dos horas. Está bien, pero mira antes si hay algo que te cueste más: presupuestos hechos a mano, datos que se copian de un sitio a otro, informes que se montan cada lunes. Es habitual que el dolor real esté en otra parte, y para eso está mirar el proceso antes de comprar herramienta.

Si quieres entender la mecánica que hay detrás de esto y de otras automatizaciones parecidas, lo explicamos en RPA para pymes: qué es y qué se puede automatizar.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se tarda en montar la lectura automática de facturas?

Depende sobre todo de cuántos proveedores distintos tengas y de cómo llegan los documentos. Un piloto sobre los proveedores más frecuentes se puede tener funcionando en semanas; cubrir el catálogo completo, con abonos y casos raros, lleva más.

¿Necesito cambiar mi programa de contabilidad?

Normalmente no. Lo habitual es dejar el programa que ya usas y montar la lectura y la extracción por delante, de forma que los asientos entren ya preparados.

¿Es fiable el OCR con facturas escaneadas?

Con un PDF generado por ordenador el resultado es muy bueno. Con escaneos y fotos baja, y ahí lo importante es tener una pantalla de revisión rápida en vez de esperar acierto total.

¿Esto es inteligencia artificial?

La parte de leer el documento es reconocimiento de texto. La parte de entender qué es cada dato y a qué cuenta va se apoya en el histórico de la empresa, y ahí sí hay modelos que aprenden de lo que ya se ha hecho antes.

¿Te suena algo de esto en tu empresa?

No hace falta que sepas qué necesitas. Lo miramos nosotros, te decimos qué se puede quitar de en medio y lo construimos.

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